Cuando la seguridad digital no es prioridad: una mirada desde dentro de la administración
Aunque la normativa en ciberseguridad obliga a todos los ayuntamientos españoles a cumplir con el Esquema Nacional de Seguridad, solo 41 lo han hecho. En este artículo comparto mi experiencia desde dentro de la administración, analizando por qué la gestión digital está tan atrasada, y qué consecuencias reales tiene esto para la ciudadanía.
Una administración que no piensa en el largo plazo
La noticia de que solo 41 ayuntamientos en toda España cumplen con la normativa del Esquema Nacional de Seguridad no debería sorprender tanto como lo hace. Quienes hemos trabajado dentro de la administración local sabemos que muchos proyectos nacen sabiendo que tienen fecha de caducidad. Se planifican para sobrevivir lo justo: cumplir una subvención, justificar una inversión o presentar una memoria, pero rara vez se diseñan con la intención de consolidar una estructura sólida o generar un cambio profundo. Y eso se nota.
Durante el tiempo que estuve colaborando con un ayuntamiento, pude ver cómo la tecnología se concebía más como un gasto que como una inversión estratégica. La transformación digital parecía un discurso más que una realidad. Se priorizaban soluciones temporales, muchas veces incompatibles entre sí, sin una visión de conjunto, sin planes reales de mantenimiento o formación a medio plazo. A menudo, los ciudadanos que intentaban realizar trámites digitales se encontraban con portales desactualizados, manuales obsoletos o enlaces rotos. Y ante sus dudas, la única respuesta era: “Mándalo por correo o ven en persona”.
Esta falta de previsión no siempre es por dejadez. Muchas veces responde a una sobrecarga estructural, a una plantilla sin recursos técnicos suficientes o sin personal formado en tecnología. Lo grave es que, con el paso del tiempo, estas carencias acaban cronificándose. Los sistemas quedan anticuados, los datos se gestionan sin controles sólidos y, lo más preocupante, la confianza ciudadana se debilita. Porque cuando una administración falla en lo básico, lo demás ya no importa tanto.
Ciberseguridad y confianza digital: lo que se exige fuera, no se cumple dentro
Hay una paradoja muy llamativa en todo esto. A los trabajadores por cuenta ajena, a las pequeñas empresas e incluso a los autónomos, se les exige un nivel de cumplimiento digital cada vez mayor: gestión de cookies, protección de datos, transparencia, protocolos de seguridad, auditorías… Sin embargo, esa misma exigencia no siempre se aplica dentro de las propias instituciones públicas. En muchas páginas oficiales, las cookies no cumplen la normativa; los sistemas de acceso son vulnerables; y la protección de datos es una declaración de intenciones más que una realidad efectiva.
Mientras tanto, los ciudadanos siguen sin saber muy bien cómo proceder. Muchos intentan realizar un trámite online y se pierden en formularios que no cargan, enlaces rotos o documentos que ya no sirven. Los manuales disponibles suelen estar desactualizados y no hay una atención digital real. Es frustrante para quien espera una administración ágil, cercana y adaptada al mundo actual. Pero lo es también para quienes están dentro y no pueden cambiarlo, porque las decisiones se toman desde arriba, muchas veces sin contacto directo con la realidad diaria.
El incumplimiento del Esquema Nacional de Seguridad no es solo una falta legal: es una oportunidad perdida. Porque no hablamos de cumplir un papel, hablamos de proteger datos, de garantizar derechos, de ofrecer un servicio público moderno y seguro. En plena era digital, no se puede seguir tratando la tecnología como un trámite. Y aunque entiendo las limitaciones presupuestarias y la complejidad del cambio, creo firmemente que hay que empezar a tomarse esto en serio. No por miedo a sanciones europeas, sino por responsabilidad institucional. Por respeto a la ciudadanía.