¡Que otro viva tu penuria!
Nace de una pregunta incómoda: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por una visualización más?
Explora cómo la crueldad se ha convertido en contenido, y cómo los medios —y nosotros mismos— hemos aprendido a explotar el dolor ajeno como si fuera espectáculo.
Es una crítica, pero también un espejo: cuanto más suben los números, más se diluyen los principios.
¡QUE OTRO VIVA TU PENURIA!
Por Mario Gómez
INT. PLATÓ DE TELEVISIÓN – NOCHE
Luces de colores. Sonido de público enlatado. Un atril preside el plató, con el lema “¡Que otro viva tu penuria!” estampado en letras brillantes. Sobre él, dos cajas opacas.
Detrás del atril, el PRESENTADOR: un hombre de unos sesenta años, con un pelazo impecable, digno de infocomercial, traje chillón hasta lo indecente y sonrisa robótica con brillo plastificado que delata años de televisión basura.
Frente a él, el CONCURSANTE, rondando los cuarenta, aspecto demacrado y mirada ausente.
En penumbra, al fondo, los EXCONTRINCANTES: fila de perdedores cabizbajos, inmóviles, con la tristeza clavada en la cara. La derrota pesa como plomo en sus hombros.
PRESENTADOR
(Brazos en alto, eufórico)
—¡Señoras y señores! ¡Después de siete rondas, cuarenta y tres candidatos... tenemos a nuestro finalista!
El público estalla en aplausos enlatados.
PRESENTADOR
—Y ahora, la elección más importante de tu vida... ¡Descarta una caja!
Silencio. El CONCURSANTE duda. Señala una caja.
PRESENTADOR
(Asiente, se agacha y levanta ligeramente la caja descartada. Mira dentro.)
—¿Estás seguro? ¿Seguro que quieres descartar esta?
El CONCURSANTE no responde. La duda lo consume. Mira al público. Mira a los exconcursantes. Todos lo observan con desesperanza. Finalmente, asiente con resignación.
PRESENTADOR
—Muy bien... ¡es tu decisión!
Levanta por completo la caja descartada. Dentro, sobre bolsas médicas de frío: un HÍGADO SANO. Etiqueta: "LIVER".
PÚBLICO
—¡OOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Los EXCONTRINCANTES gimen, se abrazan, algunos lloran desconsolados. El CONCURSANTE cae de rodillas. Lágrimas surcan su rostro. Se limpia con la mano. La cámara enfoca su pulsera de hospital: "PACIENTE EN LISTA DE ESPERA - URGENCIA 1".
PRESENTADOR
(Coge el hígado con solemnidad y lo levanta a cámara)
—...¡Trituraaa, trituraaa...
PÚBLICO
(Señalan todos con la mano hacia una máquina al fondo)
—¡Trituraaa, trituraaa... que otro viva tu penuria!
El PRESENTADOR lanza el hígado a una tolva de rodillos. Sonido metálico, chasquidos, carne triturada. Luces giran. Música de jingle.
PRESENTADOR
—¡Y la semana que viene, especial NIÑOS!
El público estalla de entusiasmo. En la pantalla del plató se proyecta una imagen de niños sin pelo, con rostros serios y miradas tristes, mientras el presentador eleva su tono con entusiasmo desbordado. Dirigiéndose a la cámara con piloto rojo.
(Bajando el tono, con gesto cómplice y sonrisa creciente)
—Creo que ellos sí se lo van a perder.
El público y el presentador realizan el gesto característico del programa: manos agitadas de forma burlona, como en una celebración macabra. La imagen se desvanece en negro, acompañada por la música de cabecera.
FIN