Los Tronos del Eclipse
Mezcla humor y ternura al mostrar cómo la pasión por una serie puede colarse en la vida real. Un padre calcula episodios y temporadas como si fueran pasos vitales, mientras intenta registrar a su hija sin spoilers de la ficción. Lo absurdo se vuelve entrañable, y lo que importa no es la lógica de la serie, sino el amor y la devoción que mueve cada gesto cotidiano.
LOS TRONOS DEL ECLIPSE
Por Mario Gómez
INT. REGISTRO CIVIL – MAÑANA
Sala pequeña y funcional. Paredes con carteles descoloridos que explican trámites.
Al fondo, un póster de Crepúsculo ligeramente torcido.
Tras el mostrador, un FUNCIONARIO treintañero, barba cuidada,
camiseta con un dibujo de Star Wars disimulada bajo la chaqueta.
Delante, el PADRE, también en la treintena, con mochila llena de
chapas de series, camiseta de Los Tronos del Eclipse y aire emocionado.
FUNCIONARIO
(levantando la vista, aburrido)
—Vale, ¿el nombre de la niña?
PADRE
(ilusionado, pecho hinchado)
—Reinilda.
—Por Los Tronos del Eclipse. Mi mujer y yo estamos enganchadísimos.
—Por Los Tronos del Eclipse. Mi mujer y yo estamos enganchadísimos.
FUNCIONARIO
(alzando una ceja, tono socarrón)
—¿Reinilda? ¿En serio?
¿Tanto odiáis a vuestra hija?
¿Tanto odiáis a vuestra hija?
PADRE
(escandalizado)
—¿Cómo? ¿Perdone?
FUNCIONARIO
—¿Por qué temporada vais?
PADRE
(contento, sin pillar el comentario)
—Pues acabamos de empezar la quinta.
El FUNCIONARIO resopla y mueve la mano en el aire,
como diciendo “madre mía…”.
FUNCIONARIO
—Buf… tela marinera.
PADRE
(preocupado)
—¿Pero qué pasa? ¿Qué ocurre?
FUNCIONARIO
(bajando la voz, casi en plan conspiranoico)
—Mira, yo de ti… me esperaba a la temporada doce antes de poner ese nombre.
Le devuelve el formulario con gesto serio.
PADRE
(saca el móvil, nervioso)
—Cariño… ¿estás bien?
—Escucha, si estás de pie, siéntate. Tengo que decirte algo…
—Escucha, si estás de pie, siéntate. Tengo que decirte algo…
—Es sobre Reinilda. El del registro dice que en la temporada doce…
(se tapa el micro con la mano y mira al funcionario)
—Bueno, que no quiere que nos haga spoiler.
FUNCIONARIO
(asiente, serio)
PADRE
—Oye… ¿tiene que ver con Anselmo?
El FUNCIONARIO niega con la cabeza.
—No, cariño, con Anselmo no.
(vuelve a tapar el micro)
¿Con Martín?
El FUNCIONARIO vuelve a negar.
¿Con Beltrán?
Otra negación.
—Nada, ninguno de esos.
FUNCIONARIO
—Es que… es con un personaje nuevo. Todavía no ha salido.
El PADRE traga saliva. Al otro lado del móvil,
la voz de su mujer empieza a sonar histérica.
PADRE
(haciendo cálculos con los dedos)
—Cariño, tenemos treinta días para registrarla.
—Diez episodios por temporada… veinte minutos cada uno…
hasta la doce son…
(se queda helado)
—¡Ciento veinte episodios en menos de un mes!
—Eso son… cuatro capítulos al día. ¡Cuatro!
El PADRE recoge el papel, encaja el móvil entre el hombro
y la oreja, y se encamina hacia la salida con expresión decidida.
PADRE
—Dejamos a la niña con tu madre y hacemos un maratón.
Si hay que verlos del tirón, se ven.
El FUNCIONARIO lo observa marcharse.
FUNCIONARIO
(pensativo, se rasca la barbilla)
—Ah, no, calla… Reinilda no. Era Roberta la que se vuelve mala.
Mira hacia la puerta, pero el padre ya se ha marchado.
El funcionario levanta la mano como queriendo avisarle,
aunque demasiado tarde.
FUNDIDO A NEGRO